La mañana de ese 2do. Domingo de Mayo, sus hijos le trajeron el desayuno a la cama. Ella prefería comer en la mesa. Detestaba las migajas que siempre quedaban en las sábanas, y todo el placer de tomar una rica taza de café con leche, lo perdía con el temor de que se le fuera a derramar. Pero no era el día ni el momento para mostrar eso. Nada de eso. Era el Día de la Madre. Con esto venimos hoy: La REALIDAD de los Días de las Madres.