En la actualidad, muchos niños, niñas y adolescentes matriculados en la educación pública solo están asistiendo algunos días a la semana a clases, muchas son las razones para esa irregularidad, sin embargo, resaltan los pésimos salarios de los docentes que rayan en una especie de esclavitud moderna. Lo digo con propiedad, mi hija de 5 años estudiaba en el Centro de Educación Inicial de El Molino, en Tocuyito, resulta que solo podía asistir 2 veces a la semana. Finalmente, decidimos inscribirla en un colegio privado, hacemos nuestro pequeño sacrificio financiero, pero asistir todos los días a clases y tener un docente pasó de ser un derecho a un privilegio. Quienes toman decisiones en el país, al parecer, sienten que la educación pública es una dádiva, un caballo regalado al que no se le debe ver el colmillo, una pobre educación para los pobres.