En estos 23 años que corren del siglo XXI, como precisara el venezolano de excepción Gustavo Coronel, nuestra nación experimentó la paradoja de haber obtenido, por una parte, la mayor bonanza petrolera de su historia: entraron al país casi un millón de millones de dólares por ingresos petroleros, y por la otra, el mayor desastre físico y espiritual jamás vivido, causado por los desmanes del difunto galáctico y su escogido sucesor. La magnitud del ingreso petrolero hubiese bastado para producir prosperidad a diez países como Venezuela.