La historia está construida de hitos; estos, entrelazados unos a otros, marcan los surcos de la época. La cotidianidad -en cambio- es el entorno sobre el cual se sustentan los hechos relevantes. Alrededor de lo memorable va vertebrándose la narración popular, que luego será elevada a categoría de ciencia. Referido el asunto a Guatemala. Aquí algunos hitos: 20 de octubre, marzo y abril 62, Acuerdos de Paz, renuncia de Otto Pérez, salida de CICIG. Todos contemporáneos. Así, desde esta óptica, la mediocridad, corrupción y represión de los gobiernos: Pérez-Baldetti, Morales Cabrera y Giammattei, son basamento lodoso, sobre el cual se eleva y trasciende un hecho memorable: la lucha por la Libertad de expresión.
Es en esta construcción paciente del hito por las libertades, en donde la pluma de José Rubén Zamora se encuentra con la historia. La sociedad y las amarillentas páginas del Periódico, Siglo XXI y la Hora, afanosamente guardadas en la Hemeroteca Nacional, dan plena prueba de aquellas jornadas de tinta y palabra. El continuum de la estirpe de los Marroquín: Rojas y Godoy. Sabido es, que encerrar la expresión del pensamiento, es vieja aspiración de sátrapas y corifeos. Les ofende la palabra libre. Hiere su voluptuosidad malsana. Me allano aquí a los Mejía Godoy: a mí, me tienen preso porque canto. El juicio y prisión en contra de Zamora Marroquín, es el sumun del delirio autoritario por acallar la voz del libre pensador, esa que taladra tímpanos del poder. Así, la batalla nacional por las libertades se discute -desigualmente- en una sala de audiencias judiciales. La ignominia pretende imponerse a la historia. Vano intento. La ciencia histórica reconoce a los adalides, no a sus perseguidores. Véase si no: el juicio del Maestro allá en la vieja Jerusalén. Los verdugos, apócrifos, fariseos. Son la comparsa. La sombra que encarna la serpiente. Acá en Guatemala, en sala judicial ad hoc, se escuchan letanías sobre delitos y artículos violados por la palabra. Acusador y testigos son de frágil idoneidad, algunos con sindicación penal a cuestas. Emisarios de añejos poderes, hacen cola para verter denuncia y sofocar al acusado y “cómplice”. Recuerdo a barrabás.
Pese a todo. Siempre se confía en que juzgadores encontrarán el hilo de la verdad histórica. Que sabrán separar mácula infestada del diáfano color de la libertad. Patraña de verdad. El juicio a Zamora Marroquín marca un antes y un después sobre la libertad de expresión en Guatemala. Los jueces tienen la palabra: el ser humano y sus libertades o pretender aherrojar el canto.