A partir de 1939, con la pérdida de la República y el inicio de una dictadura que escarnece a la intelectualidad española, ocurre el éxodo de notables escritores. Entre ellos, ilustres poetas como Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén por nombrar solo algunos. Fueron los llamados Poetas del Destierro, cuya voz, prohibida de escucharse y de leerse en España, pero resistida a callar, continuó feraz en Latinoamérica y otras latitudes. Voces libres, incompatibles con la sombra clerical y fascistoide que imperó durante casi cuarenta años.