Roglic y Thomas se juegan el Giro en la cronoescalada

Como era de esperar, el Giro se decide en una cronoescalada, trazado mixto de diez kilómetros llanos y ocho en subida al Monte Lussari. La etapa reina, una preciosidad por los Dolomitas con el Giau y las míticas Tres Cimas de Lavaredo que forjaron la leyenda de Merckx el ‘Caníbal’, no decidió nada. Un sofocón en el último kilómetro que mermó a Almeida (22 segundos) y dejó un mano a mano entre Thomas y Roglic. En la meta venció un escarabajo colombiano, como mandan los cánones. Santiago Buitrago certificó el sello de calidad en la enésima fuga triunfal del Giro. Por el Passo Giau, uno de los colosos más exigentes y hermosos del ciclismo, transita un pelotón con el potenciómetro en la boca. Al ritmo Ineos, cansino, anodino, insípido, con Puccio y Swfit al mando, su majestad la tecnología y las ganancias marginales, el aburrimiento por bandera. Cuarenta corredores en el pelotón del tedio El Giau es un puerto imponente. 10 kilómetros al 9,3 por ciento de desnivel medio (9,3 de desnivel por cada cien metros), máxima pendiente del 14 por ciento, nieve en la ladera, imágenes de montaña que sobrecogen, 2.236 metros que impactan. Y allí nada sucede. Se puede ganar, pero la manera puede alejar al espectador de su deporte.

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Author: Pablo Perez