La cumbre de la Liga Árabe celebrada en Yeda estuvo marcada por los nombres propios de Bashar Al Assad y Volodímir Zelenski. Después de 12 años de suspensión, Siria regresó a este organismo del que fue apartado debido a la dura represión del régimen contra las protestas de la primavera árabe. Cuando todas las miradas estaban puestas en Assad, el presidente ucraniano aterrizó por sorpresa en la ciudad saudí con el objetivo de ganar respaldo en un mundo árabe que permanece neutral en la guerra y donde Rusia gana peso día a día. Zelenski quiso incluir Arabia Saudí en una gira internacional en la que había visitado países aliados e hizo escala en Yeda en su viaje a Japón para tomar parte en el G-7. Con su habitual atuendo militar, el presidente se dirigió a los países miembros de la Liga y lamentó que «hay algunos en el mundo y aquí, entre ustedes, que hacen la vista gorda ante anexiones ilegales como la de Rusia». Insistió en que «nunca nos rendiremos ante unos colonizadores e invasores» y recordó a los presentes la situación de los musulmanes tártaros de Crimea, territorio ocupado por su enemigo desde 2014. Los saudíes lanzaron una propuesta de mediación entre Kiev y Moscú el pasado año y fueron claves en un importante intercambio de prisioneros. Riad cuenta con unas relaciones más estrechas con Rusia, reforzadas por la cooperación de ambos países productores de petróleo en la OPEC. Noticia Relacionada estandar No El G-7 acuerda nuevas sanciones contra Rusia antes de recibir a Zelenski: los diamantes, en el objetivo Pablo M. Díez Estados Unidos y Gran Bretaña apuntan a sanciones contra los diamantes, el aluminio y contra las entidades que ayudan a Moscú a eludir las sanciones existentes Camino a la paz El príncipe heredero, MBS, recibió a Assad con dos besos y un apretón de manos. Esa imagen simbolizaba la vuelta a la Liga de Siria , uno de los países que fundó el organismo en 1945. MBS habló de la importancia de «avanzar hacia la paz, no permitiremos que nuestra región siga siendo una zona de conflictos y agresiones . Debemos pasar página y abrir una nueva era». Es la misma estrategia que ha seguido con Irán, con quien los saudíes han normalizado relaciones lo que ha ayudado a rebajar la tensión en toda la región debido al enorme peso de ambos. Por encima del contenido político de la reunión, la presencia de Assad envía un mensaje simbólico con el que sus vecinos, que tomaron parte activa en la guerra en apoyo a la oposición armada y distintos grupos islamistas, le reconocen como el ganador de la guerra y la persona que puede intentar arreglar algunos problemas que emergen de Siria y afectan al resto como el tráfico drogas o la crisis de refugiados. A Siria le suspendieron tras la represión contra los manifestantes que tomaban parte unas protestas que pedían cambios y apertura en el régimen. Esas protestas se convirtieron pronto en una mini guerra mundial, con distintos países apoyando a cada bando. El firme respaldo militar de Irán y Rusia le sirvieron a Assad para derrotar al enemigo y conservar el poder en la mayor parte de un país que ha quedado muy afectado y con la mitad de la población desplazada o refugiada en el extranjero. La intervención de Assad abordó temas como la reconstrucción del país y el retorno seguro de los millones de refugiados, la mayoría en países vecinos como Turquía, Jordania o Líbano. El problema es que estos refugiados ven en el régimen al gran obstáculo para volver, no una solución. Qatar, Kuwait y Marruecos no han normalizado relaciones con Damasco y defienden que Assad es un presidente «ilegítimo», pero no rompieron el consenso sobre su vuelta a la Liga impulsado por Riad.