Una competición en colisión contra las normas establecidas desde su mismo nacimiento. La carrera de la Isla de Man, donde este martes fallecía en un accidente el español Raül Torras , ha forjado su leyenda negra durante más de un siglo hasta alcanzar el dudoso estatus de ser la prueba más peligrosa del mundo. El Tourist Trophy (TT) , nombre con el que es conocido desde el principio, aprendió a sortear las prohibiciones desde sus orígenes. Su ubicación no es producto de la casualidad. Hasta allí viajó en 1904 el secretario del Auto-Cycle Club de Gran Bretaña e Irlanda, Sir Julian Orde, buscando un lugar donde poder celebrar una carrera de coches por carreteras y caminos secundarios que no se viese afectada por la ley de Carreteras del Parlamento británico. No se equivocaba. Las autoridades de la Isla, dependientes de la Corona pero autónomas para muchos asuntos, aprobaron un primer circuito urbano de 52,15 millas (el actual alcanza las 60,67 millas y más de 200 curvas) por los ‘Highlands’ de la Isla. Poco después se celebraba también la primera carrera de motocicletas, que es la que ha acabó ganando fama y prestigio. En 1949, poco después de la II Guerra Mundial, el trazado de Snaefell Mountain , el mismo que se sigue utilizando hasta ahora con ligeras variaciones, pasó a formar parte del Mundial de motociclismo. La carrera recibió a las grandes estrellas de la época. John Surtees, Mike Hailwood, Giacomo Agostini, Phil Read… Todos tuvieron que afrontar un gran premio plagado de trampas, que transita primero a través de pequeñas poblaciones antes de ascender hacia la montaña, con el asfalto pegado a muros de piedra, árboles y acantilados. Para los pilotos son 18 minutos de puro vértigo. No se les permite ni un segundo de relajación. En total, el Tourist Trophy aguantó en el calendario mundialista 28 temporadas. En 1970, cuando luchaba por convertirse en el primer español en ganar la carrera, Santi Herrero se salió en una curva y sufrió una brutal caída que le costó la vida. La muerte del madrileño, tan pionero como Ángel Nieto y con un talento similar, causó una profunda conmoción entre el resto de pilotos, especialmente los españoles. La Federación Española de Motociclismo dejó de emitir licencias a sus federados para participar en la carrera. Dos años más tarde fallecía también el italiano Gilberto Parlotti, amigo personal de Agostini. Fue el detonante final. Los pilotos presionaron con fuerza hasta que la Federación Internacional decidió sacar la prueba del calendario del Mundial en 1976. «La Federación dejó de dar licencias por la peligrosidad de la carrera tras la muerte de Herrero. El Tourist Trophy no cumple con los requisitos mínimos de seguridad que exigimos en la RFME y, además, no es una prueba auspiciada por la FIM, Federación Internacional de Motociclismo», explica a ABC Jorge Torrecillas, director de Comunicación de la RFME. «Eso no impide que haya pilotos españoles que decidan participar con la licencia de otros países. Respetamos su opción, pero nos mantenemos firmes en la decisión que tomamos hace más de cincuenta años. Velamos por la seguridad de todos los pilotos, es nuestra obligación. Las ‘road races’ como el Tourist Trophy son carreras de muchísima tradición y solera, pero no compartimos su filosofía». Raül Torras era un piloto reconocido y querido en el calendario nacional de motociclismo. Competía tanto en Superbikes como en SBK Legends, y su muerte supone un duro golpe a un estamento acostumbrado a recibir este tipo de malas noticias. «Sabemos que las motos son un deporte de riesgo, vivimos con ello y es parte de su gran atractivo, pero en España competimos con unas reglas y unos estándares de seguridad muy fuertes para minimizar las lesiones en caso de caída», concluyen desde la Federación Española. En la actualidad es el propio Gobierno de la Isla el promotor de la carrera, aunque la organización sigue corriendo a cargo de Auto Cycle Union, la Federación motociclista de las Islas Británicas. Lo cierto es que su peligrosidad, más que un freno, es un aliciente para muchos pilotos. Este miércoles, apenas unas horas después del luto por Torras, más de 70 participantes de las categorías de Supersport y Sidecar salían al circuito y se jugaban la vida a más de 200 kilómetros por hora. Su pericia y arrojo les convierte en los dueños de la carrera.