De Venezuela ya no se habla tanto en el mundo por sus virtudes sino por sus tragedias. Una de ellas está representada por la crisis, cada día más aguda, de los servicios públicos. Las fallas de electricidad que se padecen en Venezuela le han dado la vuelta al mundo en forma de noticias sensacionalistas, son acontecimientos reales que nada tienen que ver con ficciones o “saboteos del imperialismo gringo”. Uno de esos apagones ocurrió el 7 de marzo del año 2019, fecha en que comenzó una oscurana nacional que se prolongó por 5 días. Para que nos demos una idea de cuál es la dimensión de esa calamidad, tenemos los datos aportados por el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social que dirige la Dra. Aixa Armas, revelando que “nada más el año 2020 se reportaron 157.719 interrupciones del servicio, cifra que escaló un monto mucho mayor en 2021 contabilizándose 190.006 accidentes”. La verdad es que la situación va de mal en peor, nada se arregla, más bien se acrecientan los sufrimientos de millones de familias que tienen que lidiar al mismo tiempo con la carencia de agua potable, pésimos servicios de salud, de transporte y de esos agobiantes apagones que las mantienen en la oscuridad por varios días a la semana.