«Operación esperanza». Así bautizaron las Fuerzas Militares Colombianas el dispositivo de búsqueda de los cuatro niños desaparecidos en las selvas de Caquetá y Guaviare tras sufrir un accidente de avioneta hace más de un mes y, durante todo este tiempo, han honrado el nombre de la misión. Desde que el 1 de mayo la aeronave se estrelló en esta zona del sur del país, los rescatistas no han dejado de peinarla sin descanso para localizar a los pequeños. Los cuatro menores viajaban junto a su madre, un líder indígena y el piloto de la aeronave cuando se estrellaron en mitad de una selva extremadamente tupida, en la que no es posible distinguir «más allá de 20 metros», de acuerdo con las autoridades. Los cadáveres de los tres adultos fueron localizados por las fuerzas colombianas tras el accidente, que no hallaron rastro de los niños. Los militares creen que, desde entonces, comenzaron a vagar sin rumbo y confían en encontrarlos con vida en base a las huellas y los alimentos mordisqueados descubiertos en los alrededores. Sin embargo, ¿cómo es posible que Lesly, Soleiny, Tien Noriel y Cristin Neriman, de entre 13 años y 12 meses, hayan sobrevivido durante más de un mes solos en la frondosa selva amazónica? «La única explicación es que ellos son de allí, son indígenas, y esto lo han aprendido desde pequeños », explica Sergio Villota , profesor del grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad de La Rioja y experto en supervivencia. Noticia Relacionada estandar No Una cinta amarilla de 11 kilómetros y 600 silbatos para encontrar a los niños perdidos en la selva colombiana Poly Martínez Cuarenta indígenas, 120 militares, incluidos dos grupos élite del Comando de Fuerzas Especiales del Ejército, siguen la búsqueda y no pierden la esperanza de encontrar con vida a los hermanos Mucutuy «En un poblado de estas características, con la edad de la mayor no eres adulto, pero sí bastante responsable. No es como un niño urbanita español, que no está acostumbrado al medio; ellos tienen muchos más conocimientos y recursos que nosotros en la ciudad», detalla. Precisamente los pequeños pertenecen a la etnia uitoto y vivían en otra selva del país, donde pasaban «mucho tiempo», conocedores «de qué comer y de cómo vivir ahí», según señalaron sus propios abuelos e informó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Acceso a comida En este entorno y con estos antecedentes, los pequeños han estado alimentándose sobre todo de plantas y frutos , según ha comunicado la Policía, que encontró restos mordidos en los alrededores de la avioneta. «Si estuvieran cerca de un río, podrían acceder a pesca, pero el hecho de cazar o coger cualquier tipo de animal es muy complicado», apunta Carlos Vico, experto en supervivencia y autor de hazañas en condiciones extremas. «La selva tiene bastantes árboles con fruta. Hay que saber diferenciar las que se pueden comer y las que no y, con 13 años, la niña mayor puede hacerlo. Sin embargo, si no cazan o pescan, no van a tener proteína , y capturar cualquier animal les va a resultar muy complicado según las herramientas que tengan. En caso de que no llevasen nada de antemano será muy difícil que puedan hacer un simple anzuelo», añade en la misma línea Villota. Estas carencias alimenticias, subraya Vico, pueden provocarles « mareos, calambres, afectación a la zona de los riñones si no acceden bien al agua e incluso problemas respiratorios si hay mucha humedad». Desde un punto de vista físico, no estar comiendo adecuadamente durante un periodo de tiempo tan largo les habrá acarreado, de acuerdo con el experto, «pérdida de peso y falta de energía»: «Cada vez estarán más cansados, por lo que les costará más caminar y gestionar la situación». Una de las principales incógnitas sobre la supervivencia de los niños es si un bebé de 11 meses en el momento del accidente, ahora 12, habrá conseguido salir adelante y cómo. «Mantenerlo con vida es una de las mayores dificultades que van a encontrar porque a esa edad prácticamente solo se alimenta de leche materna. Hay otros ejemplos, como los niños atrapados en una cueva de Tailandia en 2018, que resistieron al cuidarse unos a otros, pero no eran tan pequeños. Este caso es más complicado de entender», valora. Los peligros de la selva Más allá de los problemas para acceder a la comida en mitad de la Amazonia, los cuatro menores han tenido que hacer frente durante este mes a las duras condiciones de la selva. «Lo bueno es que no hay bajas temperaturas, están siempre entre 18 y 25 grados. Esto va a favorecer que no tengan hipotermia y no gasten más energía de la cuenta. Lo malo es que está lloviendo cada día y, aunque esto les permite recolectar agua y beberla, eso implica que están mojados constantemente , incluso cuando llega la noche», destaca Vico. Noticia Relacionada estandar No Pisadas y fruta mordida, los nuevos signos de esperanza que muestran que los niños desaparecidos en Colombia «están vivos» M. L. El comandante conjunto de Operaciones Especiales de las Fuerzas Militares de Colombia asegura que el equipo de búsqueda ha estado a unos 100 metros de los pequeños Además, los cuatro menores habrán tenido que hacer frente a los diferentes animales que pueblan la selva, recalca Villota. «No hace falta pensar en grandes depredadores, como anacondas y jaguares, sino simplemente arañas, pequeñas serpientes o infinidad de insectos venenosos. Es cierto que están acostumbrados, pero a lo largo de un mes hay que dormir y, en ese momento, no te enteras de si pasa algo a tu alrededor», remarca. Asimismo, el riesgo de sufrir infecciones en cualquier herida o incluso por beber agua procedente del lugar equivocado se dispara en un ambiente de esas características: «Ni siquiera sabemos si alguno de ellos sufrió algún daño tras el accidente. Sobrevivir con un brazo o una pierna rotos es mucho más improbable». Un bebé de un año A pesar de estas condiciones, los rescatistas confían en hallar a Lesly, Soleiny, Tien Noriel y Cristin Neriman con vida, y para lograrlo han recurrido a diferentes estrategias: una cinta amarilla de 11 kilómetros, 600 silbatos, señales lumínicas y acústicas… De momento, todas estas herramientas no han arrojado resultados, pero las autoridades se aferran a las huellas y la fruta encontrada para no perder la esperanza. Menos optimista es Vico, que alberga dudas sobre la probabilidad de rescatarlos con éxito. «Ojalá todo se arregle y encuentren a los chiquillos. Yo veo muy difícil que, si no los ha encontrado ninguna tribu que haya podido auxiliarlos, los niños estén rondando solos por la selva durante un mes sin ayuda para encontrar alimentos, sobre todo el bebé», lamenta.