Veinte años atrás, en el pleistoceno del ciclismo, a Francisco Mancebo le corroía un invasivo sentimiento de culpa antes de que el Tour de Francia echase a andar en Fromentine, refugio veraniego en la costa atlántica del país vecino. Como tantas veces por la profesión que eligió, se iba a perder un acontecimiento familiar o personal, aunque en esta ocasión el asunto era más peliagudo porque tocaba su autoestima, su fortaleza ética. Iba a nacer su primera hija. Dos décadas después, cambio social y cultural evidente en el pelotón y en la vida, otro ciclista atisba la posibilidad de ser padre por whatsapp en el Tour. Es el belga Wout van Aert, el corredor más deslumbrante de las últimas ediciones,… Ver Más