España conquistó la Nations League , un torneo joven, sin pedigrí ni reputación, puro relleno del calendario. Un experimento frankenstein creado por la UEFA para acabar con el libertinaje caprichoso de los amistosos y reducir el riesgo de perder las fechas de selecciones, jugosa parte del pastel que sale de exprimir al máximo las piernas de los futbolistas. No había entonces detrás una necesidad de medir más fuerzas, una carencia que saciar o un vacío que cubrir. Ya está el Mundial y la Eurocopa, sus respectivos procesos de clasificación; incluso esa Copa de Confederaciones que estira el jugo de los equipos ganadores. La Nations League es una competición menor frente a aquellas palabras mayores. Y no está mal ganarla, claro,… Ver Más