Todo (o casi todo) me ha estado saliendo mal desde que solicité mi jubilación hace ya más de diez años. Pensaba que, con mi sueldo de profesor universitario y mi pensión del Seguro Social venezolano, podría viajar por el país visitando pueblos y lugares hasta ahora desconocidos para mí. En ese proyecto también se anotó mi esposa, profesora universitaria como yo.