Dos siglos nos separan de la publicación del famosísimo tratado “La Democracia en América” de Alexis de Tocqueville, un libro en el cuál su autor intenta buscar soluciones a los conflictos para la Francia de su época, envuelta en un violento péndulo entre Revolución y Monarquía, en la naciente y admirada democracia Norteamericana. Para Tocqueville, las instituciones de Estados Unidos deben su éxito a una confluencia de factores culturales, históricos, geográficos pero también, de forma destacada, por la importancia del autogobierno local. Para este pensador, no solo es que los problemas locales se pueden resolver con mejor tino cuando los protagonistas locales son quienes los enfrentan es que, además, el solo hecho de tener a los habitantes convertidos en ciudadanos, es decir, discutiendo, conflictuando, acordando y consensuando en la forma de resolver sus propios problemas colectivos implicaba una escuela para formar demócratas.