A las orillas de una de las demarcaciones del río Bravo , en la localidad de Matamoros, Tamaulipas (México) , se erige un campamento de inmigrantes que tiene el tamaño de dos campos de fútbol. Dentro de él hay un número imposible de calcular de tiendas de campaña y carpas improvisadas que, a duras penas, cubren del sol y de la lluvia. Están alrededor de uno de los lados del larguísimo río Bravo, con una vista hacia la ciudad de Brownsville. «Estoy a quince minutos del otro lado, pero estar aquí es una eternidad» , dice Alejandro Bendaña, venezolano de 63 años. A su edad pasó, dice, unos 15 días en la selva del Darién , una región frondosa y… Ver Más