El primer emperador de la China unificada, Qin Shi Huang (221 a. C. – 210 a. C.), ideó la antigua muralla para ahorrarse el acecho de los bárbaros. Borges, que habla del asunto, también recuerda la orden de quemar todos los libros antes de su ascensión, para que la historia comenzara con él y nadie lo comparara con otros monarcas. Qin imaginaba que eso ponía en peligro su dinastía porque, en la lógica del poder, su posesión siempre está amenazada; dinastías o democracias, no importa, es parte de su naturaleza.