La mar oceánica, en dos de sus aguas, una mediterránea otra atlántica, ha sido escenario de sendas historias de aventuras sobrehumanas, desafortunadamente malogradas al intentar retar a la naturaleza y a principios esenciales de la Física. Dos atrevimientos, alentados por motivos completamente distantes el uno del otro. En el primero, setecientos migrantes, hombres, mujeres y niños, huyendo de la miseria, en precarias e insostenibles condiciones de navegación, se dieron a la mar con la ilusión de poner pie en tierra prometida. En el otro, cinco hombres, pagando un ticket de precio pantagruélico, desafiaron los imprevistos de las profundidades abisales del Atlántico para observar, desde una ventanilla, los restos de un centenario cementerio submarino.