Alonso endereza el rumbo en el show del ingeniero de Verstappen

Una nube naranja tiñe el bosque de las Ardenas en un fin de semana de tonalidad única, el gris. Tan oscuro el tiempo, negro el panorama por la lluvia, bajos los ánimos porque Spa motiva poco por la ausencia de sol. El cielo es naranja porque vuelve a ganar Max Verstappen, a reventar las gradas con sus entusiastas paisanos de los Países Bajos. Presencian otra barbaridad, su octavo triunfo consecutivo, décimo el año, duodécimo y récord de Red Bull. Pero tan protagonista como él es su ingeniero, Gianpiero Lambiase, la única persona en la Fórmula 1 capaz de frenarlo. «Te aconsejo que uses más la cabeza», le recomendó este domingo. Fernando Alonso endereza el fin de semana, que venía muy adverso, con una sólida prestación, marca de la casa, piloto de máximo nivel los domingos, una roca para los enemigos que exprime cada poro de vida que le ofrece la Fórmula 1. El español escaló del noveno al quinto en una carrera modélica: buena salida, ritmo constante en un circuito poco propicio, mantuvo a raya al Mercedes de George Russel (equipo y piloto en progresión) y aprovechó la rapidez táctica de Aston Martin para sellar un resultado que endulza las últimas decepciones. A Carlos Sainz le visitó la mala suerte en la salida. En un sandwich casi imposible de gestionar en la lentísima primera curva de Spa, impactó contra su Ferrari el McLaren de Piastri y ya no hubo forma de rehabilitar ese coche. Perdió y perdió segundos y posiciones hasta que se retiró, último de la fila.

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Author: Pablo Perez