Cuando algunos gobernantes deben sus poltronas a alguien que, tras bastidores, se ha encargado de colocarlos en esas posiciones de mando, terminan siendo estigmatizados como títeres. Esa estigmatización vale no solo para los que pretenden asomarse como lideres políticos, a sabiendas de que no son otra cosa que barajas manoseadas por sus tutores en las mesas de negociaciones, sino también para cualquier pieza utilizada en operaciones en gremios y empresas de todos indoles. En otros niveles de la geopolítica también se refiere a gobiernos títeres cuando se designan como tales a aquellas administraciones gubernamentales supeditadas a alguna potencia extranjera.