Aprovechando mi estadía en Japón, no quisiera pasar por alto la oportunidad de escribir algunas de mis impresiones sobre la gente de este otro lado del mundo. Para cualquier forastero, el Japón es un país completamente diferente a todo aquello a lo que estamos acostumbrados en occidente. Uno de los aspectos más resaltante a los ojos del extranjero, son los niveles de cortesía de las personas, todas, sin excepción, se comportan de una manera extremadamente cortés. Por ejemplo, para dar las gracias, cuya palabra para expresarla es: Arigato, dependiendo de la circunstancia y de la relación que se tiene con el interlocutor, esta adquiere un significado distinto. Al pronunciarla se acostumbra a hacer una especie de reverencia, que puede tratarse de un movimiento con la cabeza, o del torso, dependiendo de la relación y jerarquía de la persona a quien va dirigida, y en algunos casos, se hace hasta tres veces. Los mayores, son objeto del trato más deferente, le muestran sus respetos en cualquier ocasión.