Un día después de las aburridas llanuras que invitaban al personal a echarse la siesta mientras el pelotón cargaba sus baterías por el suroeste franco, la uniformidad de la carrera muere en el sufrimiento pirenaico. La alta montaña, ese lugar donde el ciclismo (y sus tediosos datos) se convierte en un deporte impredecible e incomparable, demuestra que el australiano Jay Hindley es una alternativa real al binomio Pogacar-Vingegaard, les sorprende al colarse en una escapada llena de talento en la antesala al inmenso col de Soudet, suelta a Ciccone, Buchmann y Gall en el instante más duro del Marie Blanque y, en solitario, con todo el tiempo del mundo para disfrutar su primera exhibición en el Tour de Francia, celebra emocionado en la llegada de Laruns. Se viste de amarillo el del Bora cuando nadie le esperaba: en su primera experiencia en Francia, el ganador del Giro de Italia 2022 exige crédito.