Se suele creer, erradamente, que los derechos humanos son una materia exclusivamente relativa a la conflictiva relación entre los cuerpos de seguridad del Estado y el ciudadano, tal miopía, sorprendentemente, se encuentra en funcionarios de alto nivel que uno aspiraría fuesen, al menos, capaces de haber leído algo más denso que su horóscopo. Aún más sorprendente, pasa en gente que tiene títulos universitarios, de tercer y cuarto nivel, que te insisten, con imperturbable convencimiento, que el “Estado debe dedicarse exclusivamente a proveer seguridad ciudadana y seguridad jurídica, el individuo es quien debe tener responsabilidad de su vida”. Eso es la ley de la selva, solo que vendida en un bonito empaque, con buena publicidad y vendedores con agradable sonrisa.