Durante mis años como director general deportivo en el club donde trabajaba , empezamos el proceso para fichar a una entrenadora, como otras veces habíamos hecho. Aquella mujer, formidablemente preparada, solo tenía una obsesión: «¿Hay jugadoras rápidas en el equipo?». Tanto era así que su decisión o no para formar parte del club era sencillamente esa: que hubiera jugadoras veloces. Mi contestación fue que sí, que en efecto las teníamos. »Vale, ahora quiero ver el campo donde vamos a jugar», prosiguió. Una vez allí, se puso a medir en pasos la longitud. Al acabar, me dijo: «Si una jugadora se va, no la pillan. Y si además tenemos quien meta gol, tenemos muchas posibilidades de triunfar». Aquella obsesión tenía un… Ver Más