El Jumbo planeaba herir de muerte a Tadej Pogacar. En la etapa seis, sí, en un lugar tan violento, bello y tradicional como el Tourmalet. Vingegaard tiene unas piernas soberbias y una confianza infinita después de reventar al bicampeón balcánico en el Marie Blanque el día anterior. Aprovecha el agónico y emocionante trabajo de Kuss y Van Aert, ataca feroz y Pogacar, esta vez sí, sobrevive a un golpe que podía decidir un Tour. Con una cara de espanto, el maillot blanco coge aire en la infinita bajada del Tourmalet y comienza a planear su epopeya. Es un chico que no concibe la palabra especular, pero parece estar contra las cuerdas ante el ritmo inhumano del danés en las primeras rampas de Cauterets, último puerto del calvario. Sin embargo, cuando el personal esperaba, si acaso, una arrancada definitiva de Vingegaard, un memorable Pogacar, como si un héroe del cine clásico fuera, destroza al actual campeón a dos kilómetros y medio de meta con un ataque inolvidable. El líder del UAE vuelve a atraer a la historia, vence en solitario en el último día de la carrera gala por los Pirineos y recorta medio minuto al nuevo líder de la carrera; un nórdico que, tras la combustión de Hindley, se viste de amarillo con el miedo en el cuerpo. Solo han pasado seis días desde que esta novela de caballerías comenzara en Bilbao, pero la amplia amalgama de cuentos que ya suma, muchos más que en un puñado de ediciones enteras, la están haciendo imperecedera.