Ser joven es transitorio, es una parte de la vida de un ser humano. Antes de la juventud está la infancia, después la edad adulta, luego la madurez y por último la inevitable vejez. Establecerse en la juventud no es posible y lo malo que tiene la explotación de los jóvenes con fines laborales o políticos, estriba en crear la ficción de su permanencia, como si fuera una clase social. Al contrario, la vida de un hombre debe ser una continuidad sin rupturas ni contradicciones abruptas; de la vida a la muerte, una y otra complementando el ciclo de una existencia individual.