A principios de 1897, un viejo compañero de Cipriano Castro en el Congreso, Domingo Antonio Olavarría, lo señaló en un documento público “como un buen candidato para reemplazar al General Joaquín Crespo en el proceso eleccionario que debería efectuarse a fines del citado año” (21) con el apoyo del Partido Liberal Amarillo.