La celebración de hazaña mundialista de la Selección española femenina de fútbol no se ha podido desmarcar en ningún momento de la monumental polémica por el beso en la boca que el presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales , dio a Jenni Hermoso al calor del triunfo en Australia. Desde el vestuario del estadio Accor Stadium de Sidney, donde ‘la Roja’ ha firmado el título, las mismas jugadoras se mostraron sorprendidas por el gesto y, entre las bromas, durante un directo, Hermoso aclaró: «No me ha gustado». Más tarde quiso zanjar la polémica diciendo que «fue un gesto mutuo por la alegría inmensa que da ganar un Mundial». Sin embargo, para cuando las campeonas regresaron en Madrid, el beso de Rubiales ya había cobrado dimensiones mundiales , tanto que no ha participado de la celebración del triunfo que las esperaba, pero que la sola mención de su nombre durante el acto dejó en evidencia el malestar que ha causado en el equipo. Noticias Relacionadas estandar Si Fútbol Rubiales, más solo y acorralado que nunca Jorge Abizanda estandar No Así es la asamblea de la Federación que tiene en sus manos el futuro de Rubiales Daniel Cebreiro No han hecho falta palabras. Un solo gesto ha bastado para que la afición interprete que el presidente de la Federación es una figura incómoda. En medio de la emoción de la fiesta, que se extendió hasta la madrugada del lunes, el técnico Jorge Vilda ofreció un discurso en el que quiso reconocer el trabajo de las jugadoras y todo el equipo que ha sido parte del histórico triunfo. «Dijimos que os íbamos a poner de pie, os íbamos a sacar a la calle. Lo estamos celebrando, lo hemos conseguido. Quiero acordarme de las jugadoras que no pudieron estar en el Mundial. Va por ellas, por la Federación, por nuestro presidente, y por todas estas jugadoras, sin ellas no seríamos campeonas del mundo«, dijo mientras detrás suyo, en un primer plano de la transmisión en vivo se ve claramente a Athenea Castillo arquear sus cejas. El vídeo se ha hecho viral en redes sociales, porque los internautas consideran que esa expresión de Athenea al escuchar elogios a Rubiales dice más que mil palabras sobre la polémica que ha empañado su logro deportivo.