Para recuperar nuestro país ya se escuchan las versiones de los más variados planes. Ese esfuerzo hay que tomarlo como un positivo aporte porque si no comenzamos a diseñar las acciones a implementar para reconstruir nuestra nación, partiendo de las ruinas en las que nos la están reduciendo, pecaremos de imprevistos de rutas debidamente trazadas para llevar a cabo dicha indispensable tarea. Hay que hacerlo, sin añoranzas nostálgicas que nos atrapen en el pasado, pero sí, con el inevitable recuerdo de lo que llegamos a ser en nuestro continente, para no dejar de tener en cuenta que nada se gana dando pasos hacia los abismos de las improvisaciones a las que nos seducen los populistas con sus pócimas salvacionistas. Es tiempo de confiar las riendas del país en manos de verdaderos estadistas, de servidores públicos bien pertrechos de conocimientos en cada área en la que deben tomar decisiones en representación de todos los venezolanos.