Las dictaduras son alérgicas a todo tipo de consultas populares. Se engrinchan cuando escuchan mencionar la palabra voto. Le temen al sufragio, salvo aquellos que se emiten en procesos controlados como ese parapeto electoralista montado en mayo de 2018. La dictadura de Venezuela, la que hoy jefea Nicolás Maduro, no escapa a esos temores. Por eso tiemblan cuando corre el rumor de que “la cosa de las elecciones primarias va creciendo como la espuma!”. Mas se asustan, cuando les llegan los informes policiacos firmados por los agentes “secretos” que cumplen la misión patriótica de espiar las giras de María Corina Machado. La verdad es que esos furtivos funcionarios de la DIGECIM y del SEBIN actúan ante la vista de todos los seguidores de la mujer de hierro. Y mientras más se cercioran de que están siendo objeto de vigilancia dictatorial, más se envalentonan, más sube la adrenalina y se agiganta el valor de esa gente que se arremolina en torno a su candidata preferida.