Nunca imaginó Mao Tse Tung, que su ideal de sociedad comunista, llevado a los linderos del delirio en la Revolución Cultural de los años sesenta, terminaría remedando al capitalismo que repudió durante toda su existencia. En China, priva un oxímoron: el comunismo capitalista. Éste, inevitablemente, sometido a los mismos altibajos que, ocasionalmente, aquejan a las sociedades regidas por las normas de la propiedad privada y el mercado.