Cuatro gritos enormes resonando en la oscuridad. Las medallas de oro de Álvaro Martín, el extremeño sin miedo, y María Pérez, la andaluza rompedora, han causado un gran estruendo en el mundo de la marcha atlética, siempre adormecido, siempre cuestionado, infravalorado muchas veces. Precisamente cuando más incierto es el futuro de la especialidad es cuando los marchadores españoles han hecho resonar su calidad, su superioridad, su rabia. La marcha ha ido perdiendo protagonismo con los años, como si molestara en el arrogante mundo del atletismo puro, del rendimiento físico máximo, de las gestas para la posteridad. Atrás han quedado los tiempos en que los marchadores culminaban sus pruebas emergiendo de forma mágica por un túnel a un estadio abarrotado, que… Ver Más