El deseo de poder de China requiere un G-7 más fuerte para hacer frente a su empuje y Christoph Heusgen piensa que la mejor manera de conseguirlo es ampliar al número de países que forman el club de los más industrializados. El jefe de la Conferencia de Seguridad de Múnich, el Davos de la Defensa, tiene en mente incluso dos posibles candidatos: Corea del Sur y Australia . «Creo que es importante que el grupo G-7 se amplíe», ha dicho, ante el reordenamiento de fuerzas internacionales y un gobierno chino cada vez más agresivo. «El grupo se caracteriza por el hecho de que involucra a países que comparten valores comunes y esos dos ejemplos son países democráticos y de economía de mercado». En una entrevista concedida a la agencia alemana dpa, Heusgen indica que el peso relativo de los miembros actuales está disminuyendo, especialmente el peso económico. «Creo que una ampliación sería lógica por este motivo», explica ante la creciente debilidad del grupo al que pertenecen ya Alemania, Francia, Italia, Japón, Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña. En su opinión, la ampliación «podría aumentar la eficacia del formato del G-7 ». Heusgen apunta que también es necesario considerar una posible ampliación del G-20 y cómo hacerlo en caso de ser necesario. «Creo que la idea, que también defiende el Canciller Scholz, de ampliar el G-20 para incluir a la Unión Africana es una buena idea», ha sugerido. Lo cierto es que el G-7 ya lleva tiempo sirviéndose de una ampliación simulada, por medio de una lista de países invitados que crece reunión tras reunión. En Hiroshima recibieron a Brasil e India , las Islas Cook (en la presidencia del Foro de las Islas del Pacífico), Comoras (en la presidencia de la Unión Africana), Vietnam, Corea del Sur y Australia. Participaron en una sesión especial y en reuniones bilaterales que buscaban acercar a sus gobernantes a la postura del grupo de las siete grandes economías en su posición a la invasión rusa de Ucrania y a la creciente firmeza militar de Pekín. Noticia Relacionada estandar No La Unión Africana se une al G-20 para dar más peso al Sur Global Pablo M. Díez Representando a 55 países con 1.500 millones de habitantes y enormes recursos naturales, su adhesión en la cumbre de Nueva Delhi era una de los objetivos de la presidencia india para fomentar su desarrollo «Cada vez se da más el caso de que la lista de invitados es bastante grande», pero «no se invita a cualquiera», afirma Tristen Naylor, profesor de la Universidad de Cambridge y experto en cumbres y diplomacia. «El G-7 es ahora un club dedicado a la protección de la democracia que ha perdido poder frente a China». Esto sucede en un contexto en el que el G-8 volvió a ser el G-7 sin Rusia, con la consecuente pérdida de peso, y en el que India es un aliado militar de Rusia de larga data, y su «posición ambivalente» respecto a la guerra en Ucrania no está en sintonía con la de otras grandes democracias, indica también Naylor. Si el G-7 quiere ofrecer una alternativa a las enormes inversiones chinas en infraestructuras en todo el mundo, necesita más socios. La idea de contener la influencia china, mantener el orden mundial basado en reglas en el Sur Global , requiere de más recursos. La 21ª reunión de presidentes del G-7 tuvo lugar en Tokio AFP A nadie escapa tampoco que, en agosto, el grupo Brics de los países emergentes más importantes acordó incluir seis países adicionales , con la invitación a Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. El grupo Brics incluye actualmente a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Su expansión, impulsada por China, tiene como objetivo dotar al bloque de más peso global. Con este nuevo diseño, los Brics suponen el 47% del área mundial y el 37% del producto interno bruto mundial. Si se lo compara con el G-7, la influenza sobre apenas el 9,8% de la población mundial y el 29,8% de su PIB (excluyendo a la UE), está claro que se trata de un nuevo peso pesado, que cuenta además con la mayor parte de las reservas de petróleo y gas del planeta Beijing vende la nueva estrategia como una operación de rejuvenecimiento de las instituciones internacionales y que permitirá amplificar la voz de las naciones en desarrollo, pero se parece mucho a un frente de cohesión contra el G-7. El consorcio es una mezcla de perspectivas políticas y económicas que contrastan entre sí: desde las democracias autocráticas hasta y naciones que defienden el no alineamiento hasta otras que se oponen ruidosamente a Occidente. La única línea coherente es que se transforman todas en satélites que orbitan alrededor de la colosal presencia de China. En todo caso, una posible ampliación del G-7 para recuperar el equilibrio de fuerzas requeriría el consenso de todos sus miembros, como recordó en 2020 el portavoz de la entonces canciller Merkel, Stefen Seibert, cuando el presidente de turno, Donald Trump, se proponía invitar a Rusia, Australia, India y Corea del Sur. «Invitar a determinados países a una cita sí entra en las competencias del anfitrión, pero no una ampliación o cambio de formato», aclaró Seibert, «que sólo puede decidirse por consenso entre todos los miembros del grupo».