La historia nos ha enseñado que las dictaduras apelan al nacionalismo cuando están en dificultades, cuando las sociedades en las que actúan las repudian y cuando en su propia estructura de poder surgen fisuras y contradicciones. La cúpula roja apela en esta hora de elevado rechazo, por el estruendoso fracaso de su modelo de sociedad y por la catastrófica gestión de los asuntos públicos, a despertar un sentimiento nacionalista que le permita un respiro y un aliento en su verdadero objetivo, que no es otro que su permanencia en el poder.