El Zaragoza visitaba el pasado domingo el Cartagonova en busca de mantener su pleno de victorias para seguir liderando la Segunda división. Después de noventa minutos reñidos, el partido agonizaba con el 1-2 en el marcador. Entonces, Víctor Mollejo , delantero del conjunto maño, aprovechó la indecisión del guardameta para robarle el esférico, anotar el tercero y sentenciar el encuentro. Para celebrarlo, al canterano del Atlético de Madrid no se le ocurrió otra cosa que agarrarse sus genitales . Noticia Relacionada estandar No Macarena Olona reacciona al gesto de Mollejo con un contundente comentario: «¿En serio?» ABC La exdiputada de Vox no ha dudado en pronunciarse sobre la celebración del futbolista del Real Zaragoza agarrándose los testículos La imagen, grosera y obscena, recordó a la protagonizada por Rubiales y no tardó en hacerse viral. «Es un gesto que no corresponde con la educación que tengo. Ahora en frío me arrepiento mucho y ojalá haberlo cambiado. –aseguró en los medios del Zaragoza una vez finalizado el partido– Pedir disculpas a todas las personas que se hayan sentido ofendidas y decir que lo siento ». El colegiado del encuentro no amonestó al jugador ni recogió la acción en el acta. Martínez Montoro , árbitro de ABC, asegura que «se falló de forma notoria no expulsando al jugador del Zaragoza». Asimismo, advierte que tendrá consecuencias. «Estoy seguro de que este hecho no ha pasado inadvertido para el Comité Técnico de Árbitros. No solo será una de las acciones que vean en el próximo seminario, si no que podrá tener consecuencias en los próximos nombramientos de los colegiados que se encontraban ayer tanto en el campo como en la sala VOR». Por su parte, LaLiga anunció que entrará de oficio y denunciará el gesto ante el Comité de Competición. El Código Disciplinario de la RFEF, al que es necesario acudir para establecer la sanción a la que se enfrenta Mollejo, establece dos tipos de acciones: «Provocar la animosidad del público» y conseguir tal propósito, o no hacerlo. Para el primero, el castigo oscila entre los cuatro y los doce partidos , mientras que el segundo se sanciona con una suspensión de uno a tres partidos. No es la primera vez que un campo de fútbol presencia una acción de estas características. Hugo Sánchez, en la final de la Supercopa de 1990 se tocó los genitales mirando desafiante a la grada del Camp Nou. Esta polémica acción le acarreó al madridista una sanción de dos partidos. Otros ejemplos no tuvieron un castigo disciplinario. Ángel Di María hizo lo propio al ser sustituido en el Bernabéu y Cristiano Ronaldo al mismo tiempo que aludía a Mateu Lahoz en un Clásico. Uno de los más recordados tuvo como protagonistas al delantero portugués y a Simeone, en la eliminatoria de Champions que enfrentó a Atlético de Madrid y Juventus en 2019. En el encuentro de ida, el técnico argentino celebró llevándose las manos a los testículos. En la vuelta, en la que Cristiano anotó un triplete para eliminar al conjunto colchonero, el luso efectuó un gesto de similar factura a modo de respuesta. Ambas acciones fueron castigadas por la UEFA con una multa de 20.000 euros . El portugués, ya en Arabia, reincidió en la misma provocación al ser sustituido bajo los gritos de «Messi, Messi». Celebración o provocación La acción de Mollejo reabre el debate sobre la pertinencia de sancionar determinadas celebraciones. ¿ Es punible mandar callar a la grada rival, bailar o retar a la afición visitante? ¿La acción del delantero del Zaragoza marcará un antes y un después? LaLiga cambió su criterio a raíz del encuentro entre Espanyol y Barcelona celebrado en 2018. Gerard Piqué celebró su gol llevándose el dedo a la boca, en señal de guardar silencio hacia la afición perica. El revuelo mediático generado hizo cambiar la línea de acción. Dicho gesto no fue denunciado, pero la competición presidida por Javier Tebas aseguró que « a partir de entonces » se castigaría «cualquier celebración ofensiva de gol que pudiera generar crispación en el público». El primero en pagarlo fue Borja Iglesias, entonces delantero del Zaragoza, y primer jugador denunciado por mandar callar a la grada visitante. Un gesto calcado al de Piqué ante el Nástic fue reportado por LaLiga a Competición, aunque no acarreó sanción al ser posteriormente archivado por el órgano sancionador de la RFEF. El mismo final vivió el corte de mangas de Gareth Bale en el Metropolitano. Fue denunciado, pero el comité, que siempre se ha mostrado reacio a punir acciones no registradas en el acta arbitral, no estimó oportuno imponer un castigo al galés. Martínez Montoro mantiene que, en aquellas celebraciones en las que haya gestos o palabras hacia la afición rival, «se debe amonestar o expulsar, en función de la gravedad». Sobre el hecho concreto de mandar callar, tiene claro que «es un gesto de menosprecio y debe ser amarilla». Una amonestación como la que recibió Gerard Moreno por dedicarle un gol a sus hijas llevándose las manos a las orejas y sacando la lengua. La reacción airada de Oblak y del público llevó al árbitro a amonestarle por «celebrar de forma exaltada un gol provocando un enfrentamiento», aunque fue retirada después por Competición. Los bailes han sido un tema recurrente en torno al fútbol, discernir si se trata de una provocación o una muestra de alegría. Puyol reflejó su opinión y cortó de raíz un intento de coreografía de Dani Alves y Thiago Alcántara en Vallecas en 2012. El último exponente de la corriente danzante ha sido Vinicius, lo que reabrió el debate sobre ello. La celebración que Jude Bellingham ha instaurado en la liga –con los brazos alzados y la mirada hacia el público rival– también ha generado polémica y enfado en las gradas visitantes. En caso de que Competición castigue a Mollejo, marcará un precedente muy a tener en cuenta. Y, a partir de él, lo más difícil será establecer el criterio y conocer la línea que separa las celebraciones punibles de aquellas que no lo son.