Cuando Bellingham prefirió para jugar la España de Negreira a la Inglaterra de Stanley Rous, perdiendo dinero, todos entendimos que lo que ilusionaba a un chaval de veinte años era jugar con Mbappé, fichaje que daban por hecho todos los periodistas deportivos, que seguirán cobrando lo mismo. Vino luego el pico de Rubiales, el gentleman sanchistón cuyo pico es como los de Biden, pero sin la torpeza repulsiva de Sleepy Joe, y con la ruidajera orquesta pasamos por alto que en el reloj de Cenicienta para el mercado de fichajes dieron las doce y Mbappé se quedaba en París. Bellingham ya no jugaría con Mbappé, ni en su defecto con Harry Kane (el que uno hubiera elegido). Bellinhgam jugaría… con… Ver Más