Tras el segundo gol de Morata , Alaba se dio la vuelta y culpó de manera muy brusca a Camavinga por el tanto encajado. Lo irónico es que la culpa de ese gol realmente había sido de Alaba, que se encontraba defendiendo en tierra de nadie. También había perdido él la marca en el primer gol de Morata, feliz como cerdo en un barrizal aprovechando todos los huecos y ángulos muertos en el área blanca. Más allá del gol e incluso de la derrota ante un Atlético de Madrid muy serio, esta clase de gestos dan mala impresión. Transmiten cierta sensación de frustración, incomunicación e impotencia. Reflejan asuntos más profundos que un simple reparto de responsabilidades. Los jugadores tienen un… Ver Más