Evenepoel se reinventa con un golpe de campeón

En la frontera entre Francia y España, fabuloso paisaje para la vista en el Larrau, el Belagua, los antiguos reinos de Aragón, Navarra y Bearn fundidos con la naturaleza a través de los puertos, emerge un campeón de una pieza. Es Remco Evenepoel, un as del ciclismo que se emociona en la meta de Larra Belagua, la estación de esquí de fondo donde llora porque defraudó el día anterior, le visitó la fatiga, se quedó vacío y no durmió en el hotel francés. «Tenía pensamientos muy negativos», admite el belga, quien en su fatalidad pensó en el abandono y contestó con una soberbia réplica. 130 kilómetros escapado, paso firme en el Larrau, el tremendo alto donde Induráin claudicó en 1996, y ritmo infernal para Bardet, derrotado otra vez. Evenepoel se reinventa mientras el Jumbo anestesia la Vuelta a España. Nada sucede en el pelotón. Kuss, Roglic y Vingegaard están condenados a pelearse entre ellos, aunque Juan Ayuso y sus UAE se empeñan en que esto no sea una conversación a tres. El carisma es ese principio indescifrable que no se puede medir, al que no alcanza la inteligencia artificial y que se atribuye a algunas personas por su capacidad para atraer o fascinar. Evenepoel tiene carisma. Provoca atención porque no se esconde, afronta la adversidad con entereza y colapsa los cánones de lo políticamente correcto con actitudes criticables, de persona caprichosa y con tendencia a la altivez y el apetito desordenado. Cuando ganó el año pasado el maillot arcoíris en Australia, campeón del mundo, mandó callar a no se sabe quién en gesto revanchista. De vez en cuando se ha limpiado el polvo de la pechera en rictus innecesario.

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez