Perdió la Vuelta en aquella profunda pájara entre Formigal y el Tourmalet, pero a semejanza de Tadej Pogacar en el reciente Tour de Francia cuando este ya solo competía por coraje y honor, Remco Evenepoel se levantó de la lona y pedaleó para engordad la inacabada historia de un ciclista inabarcable. El vigente campeón de la ronda española entró con ahínco en la incipiente fuga al que faraónico Jumbo respondió con indiferencia, reventó a Caruso y Poole en la primera ascensión al inédito puerto de la Cruz de Linares y, con 29 kilómetros para culminar bordar su enésima exhibición en solitario, Remco fue el único protagonista en un día donde otros parecían destinados a serlo. Escaló de nuevo exultante el prodigio belga la última cima asturiana de esta edición, tocó con su dedo índice el casco para alardear de su fuerza mental mientras una sonrisa pletórica llenaba su rostro cuando ya nadie podía empañar su triunfo y, justo en el instante previo a cruzar la línea de meta, formó un corazón con sus manos para dedicar la gesta a su mujer, quien levantó su ánimo en los momentos más oscuros del campeón del mundo en esta misma Vuelta. Con la camisa de lunares asegurada, el rey de la montaña ya suma tres victorias parciales en la última grande de la temporada. Y la etapa del sábado, con alma de clásica, se amolda a las mejores características del insaciable Evenepoel.