Puede decirse que el capital político de una determinada personalidad política es la suma factores como la popularidad, que no siempre coincide con una primacía en las encuestas; el partido político, que le brinda una maquinaria de captación y canalización de voluntades; la relación con determinadas élites, que le ayuda a conformar un eventual gobierno; las fuentes de financiamiento y apoyo logístico, que implican la confianza que genera en los contribuyentes a la campaña; la educación o su conocimiento académico, que impide la manipulación de los expertos, entre otros. Hay quienes agregan un cierto orden familiar, que poco o nada tiene que ver con el estado civil, pero sí apunta a la paz y la tranquilidad necesaria para abocarse a los infinitos problemas públicos.