Desde la más remota antigüedad, alrededor del año 220 antes de Cristo, en el Imperio Chino reinaba la primera dinastía imperial Qin, su emperador, Ying Zheng, detentaba el poder omnímodo sobre el territorio unificado. Los estados circundantes: Sinkiang, Tíbet, Vietnam, Manchuria, Mongolia, Corea, Japón, le rendían pleitesía y mandaban delegaciones diplomáticas con suntuosos regalos y bendiciones para el Emperador. Su poder abarcaba todo el mundo conocido.