Como Luis Rubiales besó de forma impresentable a Jenni, y se tocó los genitales en el palco, y cargó groseramente sobre sus hombros a Athenea; como además el entonces presidente insultó a los que vieron pecado en su comportamiento, y trató de responsabilizar del exceso a la jugadora, y metió a la RFEF en una vorágine vergonzosa de comunicados, y encima no dimitió tras fingir lo contrario, Jorge Vilda no podía seguir un minuto más de seleccionador femenino. Por eso y porque aplaudió sumisamente al mencionado Rubiales durante la asamblea de la inmolación (lo mismo que Luis de la Fuente y otros empleados aduladores) para desmarcarse con una sonrojante epístola posterior crítica con el dirigente en cuanto la FIFA lo… Ver Más