La aventura de nadar en mar abierto gana adeptos

Quien más quien menos todo el que veranea en zonas de playa ha intentado dar alguna brazada en el mar. Y se da cuenta uno enseguida de que no es una piscina . Ni por el tipo de agua, ni por su densidad, ni por cómo se desliza uno (o no), ni por el paisaje. Características que buscan cada vez más adeptos a la práctica de nadar en aguas abiertas. Una disciplina deportiva en la que se combinan la competición, contra uno mismo y contra otros, entornos naturales de excepción y también mucha diversión. «Antes las travesías en el mar solían ser exclusivas para nadadores de toda la vida. Pero se ha ido popularizando. Nosotros empezamos con una prueba en Cadaqués, en 2008, con unas 200 personas. Ahora organizamos seis pruebas -este mes: el 16 en Cadaqués, el 30 en Barcelona- y juntamos a 5.000 nadadores. Ese es nuestro objetivo: acercar este deporte a la gente que está empezando en la natación. Nos centramos en el ‘swim&fun’ (‘natación y diversión’)», explica para ABC David Campà , director técnico de Marnaton, empresa organizadora de unas actividades que han crecido exponencialmente en la última década, con participantes con edades desde los 5 hasta los 80 años y con un aumento sustancial sobre todo entre las mujeres: «Tenemos un 40 % de nadadoras; en las pruebas más cortas hay más mujeres que hombres». A pesar de este incremento en la popularidad de este deporte, Campà subraya el apartado de la seguridad. «Queremos que el participante solo se preocupe de disfrutar, que se sientan seguros durante toda la travesía. Nunca se va a sentir solo. Es nuestra prioridad. En una prueba puede haber 90 kayaks y 25 embarcaciones, con un seguimiento absoluto, para que nada más que levanten la cabeza estemos ahí». Porque la pregunta es si estas actividades son para todo el mundo. Y la respuesta alta y clara es: «Hay que prepararse». 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Orientación y movimientos Dentro de la preparación, que empieza fuera de la piscina y del mar con fortalecimiento del core y hombro, sobre todo para evitar lesiones, son dos las claves que apunta el entrenador: orientación y movimientos. «En la piscina nadamos entre corcheras y seguimos una línea que hay pintada en el suelo. En aguas abiertas estás en plena naturaleza y nos desplazamos de un punto a otro en la inmensidad del mar. Hay que saber orientarse». Rafa Cabanillas, entrenador de aguas abiertas Borja Iban En las travesías existen las boyas, guías que permiten al nadador saber dónde está y dónde tiene que ir. «Hay que aprender a sacar la cabeza y hacer estas visualizaciones frontales para poder encontrar la guía. Al mismo tiempo, hay que intentar sacar la cabeza lo mínimo posible para no distorsionar la coordinación del nado. Pero en el mar es muy difícil no sacar la cabeza debido al oleaje. Hay que adaptarse al medio». Y tenerle respeto. « La Naturaleza tiene más poder que el ser humano ». El otro punto son los movimientos, propios y ajenos, pues en estas competiciones hay más gente alrededor, sin calles. «Es lo que se llama el drafting, saber moverse en función de lo que haga el de al lado . Puede haber drafting lateral o trasero. Te ayuda a economizar el nado y a guardar fuerzas para un cambio de ritmo posterior». Hay muchas carreras dentro de estas carreras. Y en lo que inciden Cabanillas y Campà es en que la gente disfrute. «Los 20 o 30 primeros sí pueden buscar la victoria, pero los demás buscan mejorarse a sí mismos o su marca anterior. Hay mucha fidelización, y gente que prueba diferentes distancias. Todo el mundo tiene su sitio. Para nosotros, lo fundamental es generar experiencias y que la gente conozca sitios nuevos, y vea otra perspectiva del mar», dice el director técnico. La parte emotiva la incluye Cabanillas: «En el mar te sientes vulnerable y poderoso, se toman las mejores decisiones, creces muchísimo de interior y también físicamente. Mientras compites ves el fondo marino, peces y otros animales. Y cuando sacas la cabeza te ves junto a una roca saliente, o un risco, o un paisaje fantástico. A pesar del cansancio, sentirte ahí en medio, entre vulnerable y superior… Es un enganche total. Tengo 35 años y sé que no lo voy a dejar nunca».

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Author: Pablo Perez