Simón –la película dirigida por el joven cineasta Diego Vicentini –con la activa participación como productor de Marcel Rasquín, quien dirigió Hermanos, la cinta que impactó a los venezolanos hace un poco más de una década- además de sus indudables virtudes cinematográficas por la dirección tan acertada, el guion tan bien tejido, las sólidas actuaciones de sus protagonistas, la música y su producción general, invita a reflexionar acerca de lo ocurrido en 2017 en Caracas, cuando numerosos jóvenes, especialmente estudiantes, enfrentaron a un régimen que se había ido haciendo cada vez más arbitrario, represivo y totalitario.