El pasado domingo 22 de octubre se hizo realidad lo que para muchos analistas y observadores políticos parecía imposible de consumar. Los venezolanos protagonizamos una hazaña de características épicas, demostrándole al mundo de que madera cívica estamos tallados. Más de 2.4 millones de ciudadanos nos volcamos a los más de tres mil centros de votación instalados dentro del territorio nacional y a los 81 centros que funcionaron en el exterior, para que pudiera sufragar una representación de la gigantesca diáspora venezolana. Solo, con la tenacidad democrática de un pueblo corajudo, fue posible vencer el miedo para organizar unas elecciones primarias que quedarán registradas en la historia como una apoteosis que desafió la conjura de la dictadura madurista.