El Atlético es un equipo pletórico

PESTAÑA j8-atletico-cadiz-liga23/24 Crónica 4 Solo se ven caras felices en la plácida noche dominical que acoge al partido en el Metropolitano. El personal llena con alegría las butacas, canta el himno del centenario y espera sin demasiada tensión un triunfo ante el pequeño Cádiz. Es normal tal sentimiento: el Atlético de Madrid vive días pletóricos desde el reciente banquete en el derbi en este mismo escenario y la eficaz agonía navarra del pasado jueves. Empieza el encuentro y el distendido murmullo vira rápido en un ruido atento. De hecho, el Atleti tarda poco en confirmar las sospechas de su afición y solo el poste evita el 1-0 de Griezmann tras un precioso taconazo de Correa. Un parpadeo después, el francés finta a Meré y falla un mano a mano ante el buen hacer de Ledesma. Perdona el hombre diferencial rojiblanco; grita el Metropolitano ante el vendaval que sacude a los de la ciudad más vieja de occidente. Sin embargo, fiel a la leyenda atlética, que no cesa en su empeño en desafiar a lo corriente, la amargura inunda a aquellos que hace segundos sonreían. El marcador muestra un número doce cuando Chris Ramos , ese delantero que es bastante más que un rematador, agarra el balón en la esquina izquierda del área rival, encara a Riquelme y centra raso y preciso hacia Pires , un chico que sólo había sumado 30 minutos en Primera. Gana con solvencia la espalda el joven brasileño a un errático -y reincidente- Nahuel Molina y solo tiene que acariciar la pelota de interior para acompañarla a la red y firmar el inesperado 0-1. Entretanto, el Atlético pide una evidente falta sobre Riquelme en el inicio de la jugada; pero el árbitro poco caso hace a los gritos y los brazos al área. El gol sacude el ánimo rojiblanco; empiezan a darse cuenta los de Simeone que lo que en un principio era un bonito paseo nocturno ahora se asemeja a un puerto de primera. Trata de recuperar las constantes vitales el equipo local y halla una vía de ilusión con los ofrecimientos en la mediapunta de Riquelme -que regresa una y otra vez a su naturaleza pese a partir desde el carril izquierdo-. Mientras tanto, el Cádiz sigue amenazando desde su montaña. Está cómodo en la muralla que envuelve al área de Ledesma y es descarado al contragolpe. Es más, a la tímida reacción rojiblanca -y tras sembrar el caos con un disparo desde antes de medio campo de Fali que cerca está de ser el gol del año- responde con la segunda puñalada. Gol al más castizo estilo del más antiguo fútbol ingles: pelotazo del portero, rebote y un delantero pillo – Roger -, de vaselina, supera a Oblak cuando se encuentra con él a solas. El ‘Brexit football’ , como es llamado jocosamente en las Islas, brilla en el Metropolitano. El 0-2 era una herida profunda. Oblak había recogido dos veces el balón de lo más hondo de su guarida el día que sumaba 400 partidos de rojiblanco; el silencio reina en el siempre ruidoso estadio del Atlético. Es, sin embargo, el momento para la puerta grande o la enfermería. Y, en efecto, el camino de la remontada comienza temprano -en el 30- con un buen cabezazo picado de un Correa que es inexplicable que no juegue más. Salta enajenado el Atleti al segundo tiempo y, en el primer balón en juego, Molina , después de otro bellísimo taconazo Correa y un error de Llorente, es el más listo en el barullo del área gaditana e iguala el partido. Estalla de júbilo el Metropolitano; ahora sí, cuando el ánimo roza la luna, la victoria se intuye a la vuelta de la esquina. Falta el último disparo, el más complicado, y pertenece al hombre de la noche: Ángel Correa (66). Acaba el argentino una gran relación de pases; suspira el Atlético ante lo que pudo ser una pesadilla.

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Author: Pablo Perez