Julio Castellanos: Cambiemos hoy la historia del mañana

Cuando tenía 17 años, en 1998, y no podía votar aún, veía con una mezcla de vergüenza y desprecio como la mayoría del país decía que votaría por Hugo Chávez. Muchos familiares, amigos y profesores, para mí incomprensiblemente, me decían, entre otras cosas y llenos de imbécil entusiasmo que ese era “un nuevo Pérez Jiménez” (cosa demostrativa de una carencia total de ácido fólico), “que era el hombre de la etiqueta (cosa entendible solo para los que ven telenovelas) que pondría fin a la corrupción” y la babosada del siglo que escuché de un profesor de la universidad “para estar guindando mejor caer”. Esos eran los profundos argumentos que acabaron con la democracia que tanto sacrificio costó a nuestros abuelos, aquellos que se enfrentaron a la Seguridad Nacional de Pedro Estrada solo armados de ideas y dignidad. Mi padrastro, supongo que me veía bastante preocupado, estando en la calle, me dijo “entiende vale, la gente no vota pensando que si la democracia y esas cosas, votan arrechos, fíjate, señor (un transeúnte cualquiera) ¿Usted sabe qué es una constituyente? – no, no sé, pero si lo dice Chávez debe ser bueno – ¿ves Julio? La gente no piensa, está arrecha”.

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Author: Pablo Perez