La investigación redunda en la sociedad cuando se transfiere el conocimiento generado al mundo de la empresa. Es lo que sucede con los centros tecnológicos que trasladan los principios de la biomecánica al diseño de los productos de las compañías de calzado. Por biomecánica se conoce a la disciplina científica que analiza el cuerpo humano como si fuera un mecanismo, para lo que se tienen en cuenta las fuerzas, las presiones, los movimientos y los ángulos. En el caso del calzado, se examina el rendimiento, la mejora del confort y la reducción de lesiones. El Instituto de Biomecánica de València (IBV) explora metodologías para desarrollar procesos de innovación en el calzado, como el proyecto H2030-Innovacal . Su director de Innovación en Indumentaria y Calzado, Juan Carlos González, señala que el trabajo consiste en «desarrollar diferentes herramientas avanzadas que nos ayudan a analizar el calzado y los factores humanos y de la ergonomía». «Medimos las presiones que hay en la planta del pie o sus movimientos, los del tobillo, los de la rodilla, con diferentes tipos de calzado. También analizamos, por ejemplo, en el campo del calzado deportivo, su comportamiento», añade. Noticia Relacionada estandar Si Eliud Kipchoge: «Las marcas de zapatillas tienen que seguir trabajando e innovando» Bruno Pardo El atleta, premio Princesa de Asturias de los Deportes, afirmó en Oviedo que no le ha sorprendido que Kelvin Kiptum haya roto su récord mundial de maratón La investigación atañe a cualquier tipo de producto. «En calzado infantil hemos colaborado con la marca Biomecanics –dice González–. Hemos desarrollado un producto que funciona muy bien cuando los niños están empezando a caminar». En el calzado de fútbol se pretenden limitar las lesiones , según indica: «Que los tacos agarren bien, que se puedan realizar los movimientos, que no interfiera en el chute o incluso lo mejore». Además han trabajado con calzado para baloncesto o running. Incluso han mejorado el calzado de tacón, a priori incómodo. Se trata de incidir en los aspectos relacionados con la salud. «El ajuste es fundamental tanto para el confort como para la seguridad porque todos hemos visto juanetes, deformación en los dedos, rozaduras, enrojecimientos», subraya. La investigación de IVB atañe a todo tipo de productos. En calzado infantil han colaborado con la marca Biomecanics para crear zapatos adaptados a los primeros pasos de los pequeños ABC El IBV se apoya en la inteligencia artificial y el ‘big data’. Sus bases de datos almacenan información de miles de pies escaneados en 3D. De cada pie constan miles de puntos. El resultado, una aplicación. «Hemos desarrollado –explica González– una app móvil que con tres fotos únicamente y toda esta base de datos generamos un pie en tres dimensiones que se puede utilizar para personalizar o para recomendar la talla que se ajusta a una persona». Colabora el Instituto de Biomecánica con empresas fabricantes de calzado como Biomecanics, Camper, Diadora, Garvalín, Hispanitas, Kelme, Paredes, Pikolinos o Yorga. Referentes Otro instituto, el Centro Tecnológico del Calzado de La Rioja (CTCR), está aplicando las posibilidades de la biomecánica al calzado. Como laboratorio oficial actúa el Centro de Análisis Umana Biomecánica. Su director técnico es Xavier Alfonso Cornes, fundador de la entidad junto a su hermano Alejandro. Este ingeniero superior mecánico por la Universidad de Vigo (2005), con especialización en Biomecánica, explica cómo funcionan: «Como ya existe toda una normativa de seguridad, nosotros nos centramos en el confort y la salud. Por un lado evaluamos que el calzado respete el movimiento libre y natural del pie durante toda la pisada, lo que ayuda a desarrollar patrones naturales de la marcha Esto se llama medir el minimalismo del calzado». «Por otro lado –sostiene– también hacemos estudios biomecánicos de confort. Medimos hasta qué punto un calzado amortigua los impactos que tenemos contra el suelo al caminar, cómo un calzado puede aportar una estabilidad extra en la pisada para hacer una pisada más estable, cómo puede dar un impulso, en el sentido de que actúe como un elemento reactivo que nos aporta una energía extra». Entre sus proyectos destaca uno realizado con Callaghan, en el que desarrollaron una estructura reticular por impresión 3D donde se controlaban los parámetros geométricos y físicos para adaptar la amortiguación del calzado en el talón al peso del usuario. Aclara Alfonso que a nivel deportivo la biomecánica permite comprobar cómo el calzado modifica la actividad muscular del deportista. «Porque cuando haces un calzado que reduce la actividad muscular estás reduciendo la fatiga», expone. La biomecánica sirve para corregir pisadas, pero también para analizar el comportamiento térmico, porque el calzado puede ayudar a termorregular la temperatura en el pie evitando que el pie se sobrecaliente y sude en exceso. En cuanto a termorregulación, Xavier Alfonso relata otra de sus investigaciones: «Con Aitex evaluamos la introducción de un textil 3D en la plantilla, lo que permite reducir hasta dos o tres grados las temperaturas plantares de los usuarios y así limitar mucho la sudoración». «Es decir, fue un desarrollo de material ad hoc para optimizar la termorregulación dentro del calzado», apunta. Entre las marcas con las que colaboran figuran Fluchos, Art Company, Victoria o Viguera. En cuanto a calzado de seguridad, han trabajado con Robusta, Bellota, Lemaitre, Lavoro o Moron. Una visión de género Calzados Paredes, la empresa con base en la localidad alicantina de Elche, aplica la biomecánica a sus productos. En el asunto de seguridad, por ejemplo, manifiesta su CEO Rafael Paredes, «el diseño está pensado según el accidente laboral que se pretende evitar, o el riesgo específico, como el aplastamiento de dedos, la perforación de la planta por un clavo o las descargas eléctricas». En lo referente a salud, la compañía ha desarrollado plantillas para pronador, supinador o neutro. «Junto al calzado de seguridad, nosotros facilitamos la plantilla que ergonómicamente mejora el plan de prevención», comenta Paredes. La empresa ha tenido una importante participación en ‘Labogénero’, el primer calzado laboral para mujeres según un proyecto del Instituto de Biomecánica de València. Hasta este momento, las mujeres tenían que utilizar zapatos de seguridad concebidos para hombres en sus entornos de trabajo. El calzado y la ropa de trabajo, así como los Equipos de Protección Individual (EPIs), han sido diseñados tradicionalmente en función de las propiedades antropométricas y físicas de la población masculina. No es este detalle menor pues puede implicar más riesgo para las mujeres. Solución: adaptar el calzado a la fisonomía . «Estuvimos recogiendo datos de varias empresas de distintos sectores –recuerda el CEO de la compañía– y analizamos el pedímetro y la anchura de los metatarsos, el pedímetro y la altura del empeine, anchura y altura de los dedos, los talones… Todas estas medidas nos llevaron a la corrección de la horma, que es lo que hemos modificado». «Además, realizamos cambios en las alturas, como en el drop de la parte trasera, modificamos la zona de flexión, la distribución de las presiones al caminar y al trabajar, y aumentamos la amortiguación en el asunto de impactos», amplía Paredes. Los materiales de transpiración ocupan también los estudios de Calzados Paredes. Otros aspectos que están tratando son la trazabilidad del producto, la combinación de materiales, la amortiguación y el impulso.