El 23 de enero de l958 Venezuela decidió estatuir una “democracia constitucional” la cual aglutinaría a individuos conceptualizados como seres libres e iguales. Un régimen calificable, asimismo, como “democrático liberal”, para hacer posible “el contrato social”, conforme al cual acordamos definir nuestros derechos y deberes básicos, así como las condiciones para hacerlos realidad y guiados por la racionalidad. Asumimos, consecuencialmente, que todos tendríamos acceso a la igualdad de oportunidades en aras del propio desarrollo y que lograríamos por nuestros esfuerzos. No derivada de “un estado dadivoso”, arma de la demagogia, opuesta a la moral de “una legítima sociedad”. El régimen alecciona en lo concerniente a la esperanza de un pueblo que hasta recién había padecido una de las tantas dictaduras de su acontecer histórico. Se trató de una democracia de partidos y a ellos integrados la mayoría de los venezolanos.