Suele suceder, en juicios cinematográficos, que el defensor o fiscal, ambos incluso, obliguen al testigo en el estrado a que responda “sí” o “no” a cierta pregunta, como si de esta manera pudiera fundarse la comprensión y verdad de un acto humano. En realidad, ese tipo de “pregunta total” pretende castrarlo de su complejidad.