En la era de la civilización ha sido posible concebir la existencia de una congregación humana organizada, con sus integrantes viviendo en un ambiente de paz, disfrutando de sosiego, siempre y cuando estén sujetos a un orden jurídico compartido, regular e inalterable, mediante el cual se garantice el disfrute de los derechos medulares de las personas que le dan forma y vida a esa comunidad. Los pilares que sostienen ese entramado social, económico y político, son los poderes públicos desde los cuales se ordenan, dictan y desarrollan los principios de autonomía, división y control alterno que haga posible una concurrencia y cooperación entre los mismos. De allí que, una Constitución, es el resultado de los debates que buscan superar desencuentros y consolidar acuerdos basados en la esencia jurídica del derecho para hacer posible la regularización de la coexistencia de los seres humanos que pueblan y se desplazan por un determinado ámbito territorial. Esa Constitución tiene relevancia por ser la Carta Magna a la cual se someten también las más variadas leyes, reglamentos o cualesquiera dispositivo legal que se proponga cumplir tales cometidos.